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CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El imitador de Guillermo Marijuan, Juan Murray,
consiguió, con una torpeza llamativa, darle nuevas alas al conflicto agropecuario. Y el ministro del Interior, Aníbal Fernández,
recordó demasiado tarde aclarar que no tenía nada que ver con las detenciones de ruralistas, cuando en las bonaerenses San
Nicolás y en San Pedro ya era sabido que el fiscal sí había hablado con el ministro. "Pueblo chico, infierno grande", afirma
el refrán popular. Que un fiscal de una localidad mediana hable con un ministro de la Nación es un secreto demasiado grande
para permanecer en secreto. Ahora Murray aclara que sólo habló de la intervención de la Agrupación Albatros. Urgente24 había explicado el viernes por la noche, que la intervención de Albatros era una demostración que
del ministro Fernández había sido consultado previamente.
Los periodistas políticos porteños reclaman, en general,
que cese el conflicto. Que el campo cierre el reclamo. Que acepte, con cierta satisfacción, que es un éxito lo que consiguió,
y se retire a trabajar para así alimentar las necesidades financieras de la Nación.
Sin embargo, ¿por qué habría de
ocurrir algo semejante? El campo lo evalúa desde otro punto de vista. Y hay motivos para ello: es gente rural, no urbana.
Sus intereses son diferentes. La campaña 2008 ya está perdida y no solamente por el mal ambiente provocado por los Kirchner.
Por ejemplo, la sequía ha provocado que solamente el 10% de la superficie que debía sembrarse con trigo haya podido recibir
la semilla correspondiente.
Y en el interior, donde ocurre la protesta, el apoyo de las población sigue siendo muy
elevado. Por cierto que es una oportunidad única, ¿con qué argumento podrían retirarse cuando hoy tienen más para ganar que
el Gobierno, que tiene más para perder?
La pregunta obvia es qué es ganar y qué es perder.
> En 1er. lugar,
hay US$ 1.500 millones en disputa;
> En 2do. lugar, hay un horizonte de más apropiaciones kirchneristas al campo,
que es necesario impedir en forma anticipada;
> En 3er. lugar, siguen las reivindicaciones lácteas y pecuarias;
>
En 4to. lugar, siguen las reivindicaciones federalistas en cuanto a la distribución de recursos fiscales; y
> En
5to. lugar, hay cuentas pendientes con quienes, estiman los productores agropecuarios, traicionaron el mandato popular. Es
una consecuencia de la absurda vigencia de la 'lista sábana' como herramienta electoral, y alguien podría decir que no tiene
nada que ver con el reclamo agropecuario, pero sí que tiene que ver. Y mucho.
Si funcionaran las instituciones, ¿cómo
se expresa el lejano campo ante la Nación? Mediante sus representantes. Pero resulta que hoy día no hay representantes y por
eso los hombres de campo tienen que salir a cortar rutas, a hacer piquetes, para llamar la atención de la Nación a la que,
sin embargo, ayudan a financiar (y alimentar) con su producción.
Entonces, para que no vuelva a ocurrir, hay cuestiones
estructurales que resolver. Y si los funcionarios nacionales y los periodistas porteños no lo comprenden, allá ellos. Pero
los funcionarios provinciales y municipales tienen que comprender para qué fueron elegidos, y quiénes son sus mandantes. Ese
es el concepto central por donde hoy transcurre el conflicto.
Resulta imprescindible tenerlo en claro antes de la nueva
etapa que se anunciará el lunes. Aqui algunos fragmentos periodísticos dominicales:
Raúl Kollman entrevista en Página/12 a varios investigadores de opinión pública:
"-¿Qué es lo que explica que algunos consultores sostengan que la imagen positiva
de Cristina sea del 24% y otros hablen de 60% de opiniones favorables a su desempeño?
Rosendo Fraga: –Los sondeos se han transformado en un campo
de batalla de la lucha política. Es como con otros datos estadísticos: la inflación, la medición de la pobreza y hasta
los informes del Banco Central sobre la compra de dólares se han convertido en parte de la batalla política. En consecuencia
me parece que acá, más que los sondeos, la interpretación de los sondeos es lo que
genera diferencias enormes y efectos mucho más fuertes que un análisis desapasionado y meditado de las cosas. Por ejemplo,
si se pregunta por la imagen de la Presidenta, incorporar o no el regular cambia mucho los números porque obviamente las opiniones
a favor se reducen. También hay que ver qué dato se destaca y cómo se lo compara con números anteriores. Pero, resumiendo,
yo diría que las enormes diferencias que se exhiben en las encuestas tienen que ver con que hay un problema de lucha política.
Artemio López: –Las diferencias entre consultores tienen que ver con dos cuestiones.
Por un lado, la oportunidad de la encuesta. Si uno pregunta por la imagen en el peor momento de la crisis, obviamente no consigue
un resultado ecuánime, objetivo, sino un dato coyuntural. Pero es tal vez más importante la cuestión metodológica que se está
planteando y tiene que ver con que las encuestas son telefónicas y hechas llamando
a teléfonos fijos. La realidad es que el teléfono fijo está desapareciendo en los sectores de menos recursos, que son los
que más apoyan a Cristina. Ya no es sólo por un tema de ingreso familiar, sino que el celular se ha hecho más accesible
que el teléfono fijo. Hoy, el celular es el medio de comunicación de los pobres. Con los 40 pesos de abono que se pagan por
el teléfono fijo se compran tarjetas como para usar el móvil. Y eso es lo que está ocurriendo. En 2001, entre el 50 por ciento
y el 77 por ciento de los hogares humildes, depende de la zona, no tenían teléfono fijo. Eso se profundizó, ahora la proporción
que tiene teléfono fijo es todavía más baja que en 2001 por el fenómeno de los celulares. Eso hace que las encuestas telefónicas
reflejen muchísimo más a la clase media que a los sectores populares.
-¿Cómo ve el
conflicto entre el Gobierno y el campo desde el punto de vista de la opinión pública? ¿Qué recomendaría como consultor?
Mora y Araujo: –Este es el conflicto en el que más notoriamente la corriente mayoritaria
no ha estado del lado del Gobierno. En otros conflictos de la era Kirchner, siempre tuvo de su parte una parte muy grande
de la opinión pública. Aquí no. Eso no quiere decir que la gente avale todo lo que hace el campo, pero más bien lo mira con
simpatía y tiende a estar de su lado. El Gobierno especula con el desgaste, algo
que puede ocurrir, pero hasta ahora no se produjo. Es verdad, siempre que un sector toma medidas de fuerza, tiende a desgastarse,
pero es por cansancio, no porque la gente opine que no tengan razón. Es como con los docentes: por ahí la opinión pública
les dice “termínenla”, aunque al mismo tiempo consideren que tienen razón. Cuando me piden un consejo como consultor,
hay que ver quién es el que hace la consulta. Puede ser para ver cómo ganar el conflicto, de manera que las sugerencias son
muy distintas depende quién hace la consulta. Ahora, como ciudadano, opino que deben deponer el orgullo, no buscar la derrota
del otro y sentarse a negociar como corresponde. (...)
Fraga: –El conflicto
está teniendo un impacto alto y sorprendente en la opinión pública. Los programas
políticos de televisión están teniendo más rating que en la campaña electoral. Hoy, la opinión pública está más pendiente
del conflicto que durante la campaña electoral. Eso se ve también en el rating de los canales de noticias. Antes, no
bien aparecían políticos en televisión, el rating bajaba. Hoy no es así. Mi hipótesis es que lo que actualmente genera el
conflicto es temor. Porque la gente teme que el conflicto derive en violencia. Se hace referencia a los años ‘30, ‘55,
‘76 o sea los peores momentos del país. Yo recomendaría a las partes bajar la tensión. La tensión genera angustia y
puede llevar a situaciones no queridas. Ambas partes necesitan reestablecer el diálogo y hay que buscar formas, mecanismos
y personas adecuadas. Eso es lo que le recomendaría a ambas partes por igual. (...)"
Julio Blanck en el diario Clarín:
"El Gobierno cree que, después de retroceder parcialmente con el sistema de retenciones móviles, el tiempo terminará
por desgastar la protesta del campo, el paro será levantado tarde o temprano, y las entidades se sentarán a negociar en este
nuevo escenario. Eso, para la lectura oficial, sería ganar el conflicto. Pero hay otra lectura posible.
La disputa consumió casi la mitad del tiempo que lleva Cristina Kirchner en la Presidencia. Adquirió una fuerte dimensión
social. Pero no deja de ser una pelea fiscal por un monto, 1.500 millones de dólares, de relativa significación en la economía
sectorial y menos aún en la del país. ¿De qué se trata, entonces? De una pelea política, de esas que al kirchnerismo le gusta
plantear y ganar.
El campo aceptó el desafío con parecido entusiasmo y similar falta de pericia. Se fue cebando
con el respaldo social amplio y la incapacidad del Gobierno para resolver la situación. Hace una semana el enorme acto de
Rosario, con un poder de convocatoria que nadie iguala hoy en la Argentina, mostró a una dirigencia agropecuaria muy proclive
a pasar del reclamo sectorial a la crítica política. Por cierto, más de un dirigente agropecuario mostró la hilacha a lo largo
del conflicto. (...) No todos están jugando solamente al reclamo sectorial. Y eso pone en jaque la dificultosa cohesión que
mantienen las cuatro entidades.
El campo quizás deba conformarse con la corrección hecha por el Gobierno a su equivocada
decisión inicial en marzo. Es menos de lo que pide pero más de lo que tenía. De la habilidad de sus dirigentes depende mostrar
esto como lo que es: un logro impensado al iniciarse el conflicto.
El Gobierno tendría así al alcance de la mano una
hipotética victoria. (...)
La bifrontalidad del kirchnerismo también puede rastrearse en la detención de ocho ruralistas
y la convocatoria judicial a dirigentes opositores, por haber participado de un corte de ruta en los comienzos del paro agropecuario.
Las entidades del campo estaban analizando cómo seguir con su reclamo, con la corrección de las
retenciones en sus manos y el desgaste provocado también en ellos por un conflicto de horizonte incierto. La torpeza de esas
detenciones y convocatorias, que el Gobierno intentó reducir a una decisión autónoma de la Justicia, les otorgó nuevo ímpetu.
La incógnita del desenlace vuelve a agrandarse. Y otra vez el conflicto produce un salto atrás, fruto de impericias increíbles.
(...)".
Joaquín Morales Solá, en el diario La Nación:
"(...) No es producto de esa confusión la afirmación del gobierno de que el conflicto con el campo se cifra en manos de
quiénes quedarán unos 1300 millones de dólares, la diferencia entre las retenciones a la soja que se cobraban hasta el 11
de marzo y las que se cobran ahora? En rigor, ese monto de dinero tenía un dueño hasta marzo y cambió de propietario con
una resolución inconsulta. Discutir ahora en manos de quién quedará es concebir el Estado como dueño de la riqueza nacional,
de la pública y de la privada.
Nadie sabe cuándo gobiernan ciertos gobernadores. Algunos han estado en todos los
actos partidarios o gubernamentales de la semana que pasó como testigos de una historia que escriben otros. No fue una casualidad.
Kirchner entrevé (y entrevé bien) que una llamarada de sublevación comienza a expandirse dentro del peronismo desde Córdoba,
Entre Ríos y Santa Fe.
El jefe del peronismo entrerriano, Jorge Busti, ha estado
hablando todos los días con el gobernador cordobés Juan Schiaretti y con el senador Carlos Reutemann. Cerca de ellos se
llegó a mencionar la posibilidad de la partición del peronismo. Kirchner los desafía: el peronismo detesta a los piqueteros.
Reutemann le escribió a Kirchner para aclararle que el sector agropecuario es para Santa Fe lo mismo que los hidrocarburos
para Santa Cruz. Fue una manera elegante de decirle al ex presidente que él no comprende la complejidad de la Argentina y
que no aprendió nada en cinco años. Una irreverencia inédita.
Felipe Solá, el viejo aliado de los Kirchner que los
Kirchner olvidaron, faltó a la reunión de los bloques parlamentarios peronistas con el ex presidente. Solá no coincide con
el documento que acusó a los ruralistas de desestabilizadores. Quizás el ex gobernador supone también que el enorme ruralismo
bonaerense está necesitando un líder político que lo contenga.
Nos quedaremos en el partido si se abriera una
instancia de diálogo y consulta, pero buscaremos un peronismo más abierto si se nos niega esa posibilidad, dijo uno
de ellos. El debate se plantea ahora entre un peronismo consensual o un peronismo venezolano,
apuntó otro.
El peronismo nunca se distrae. La protesta rural señaló el nacimiento en la Argentina de un nuevo sujeto
económico, social y, tal vez, político".
Eugenio Paillet en La Nueva Provincia de la bonaerense Bahía Blanca:
"(...) El jueves por la mañana, NK tuvo noticias certeras de que el campo rechazaría las medidas que Alberto Fernández
y el ministro de Economía anunciarían esa misma noche. ¿Cómo ocurrió? No fue una percepción de los funcionarios hacia una
actitud que, en verdad, a veces se muestra como intolerante y sin concesiones de la dirigencia del campo. En rigor, según
confidentes del gobierno, Alberto Fernández se habría comunicado la noche anterior al celular
de Fernando Gioino, titular de Coninagro y considerado el más proclive a un diálogo y a acordar algo ahora mismo para
superar el conflicto. La llamada tuvo el doble sentido de avisarle a Gioino el paso que se pensaba dar con las medidas sobre
retenciones móviles y reintegros, pero a la vez sondear de primera mano cuál podría ser la reacción del campo. El dirigente
habría respondido algo que a Fernández no le sorprendió: efectivamente, no veía sino un nuevo
rechazo de sus pares de la Mesa de Enlace, incluyendo a Luciano Miguens, de la Sociedad Rural --lo que no es poco--,
porque la desconfianza por nuevos desplantes y viejas mentiras ha crecido a niveles de no retorno. Le habría ratificado, además,
que lo único que haría bajar hoy a los dirigentes de la protesta es una audiencia con Cristina Fernández para discutir desde
cero el tema de las retenciones móviles. Un paso que el gobierno no está ni siquiera dispuesto a considerar.
¿Qué hizo Kirchner ante la mala nueva que le traía Fernández? Ordenó anunciar igual las medidas.
(...)
El gobierno ha perdido cualquier grado de racionalidad en el manejo del conflicto y, si la tiene, la oculta bastante.
No sólo por aquellas actitudes amenazantes, por algunas bravatas de dirigentes que cuentan con la protección y el apoyo del
ex presidente. (...) Hay una percepción generalizada de que el gobierno sólo persigue con las medidas contra el campo un afán
recaudatorio desmedido y una actitud confiscatoria sobre las ganancias de los productores, mientras, según datos oficiales,
el gasto político en el último año creció el 58%.
No se avizora un horizonte de soluciones,
sino de mayor tensión y problemas. Y esto es así, en primer lugar, porque el matrimonio presidencial está absolutamente
convencido de que tiene la razón en esta pulseada y que hace lo correcto.
(...) Kirchner
está armando una malla de contención durísima para sostener al gobierno de Cristina. Para ello, cuenta con el afiebrado
concurso de los piqueteros como D'Elía, Depetris y Pérsico, dispuestos a salir a cumplir en las calles aquella orden de "ganar
o ganar". Igual harán los sindicalistas de Hugo Moyano, Omar Viviani, Julio Piumato y Miguel Caló, o los gobernadores que
han decidido que no es hora de heroísmos a la cordobesa, sino de seguir atados al calor de la billetera de Julio de Vido.
También Kirchner contará con la tropa de senadores y diputados, a quienes despreció hasta públicamente durante sus cuatro
años y medio de gestión.
La pregunta que nadie en el gobierno se anima a responder es hasta dónde está dispuesto a
llegar Kirchner para ganarle la pulseada al campo. Elisa Carrió --la que se precia de ser la mejor en semblantear a los Kirchner--
ha dicho que va a correr sangre. En verdad, a veces pareciera que el matrimonio de
Olivos juega a apagar la hoguera con un baldazo de nafta".
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