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El
prestigioso historiador Roberto Cortés Conde descubre las
inconsistencias del análisis sociológico que hace el matrimonio
Kirchner del campo.
28-05-2008 | 06:00 hs.Autor: Mariano
Galíndez Fuente: Punto Biz
Muchos son los errores
políticos que se le achacan al gobierno nacional a la hora de
encarar el conflicto agropecuario. Además de agreder
diariamente (llama "golpistas" a quien opina distinto),
malgastar ocasiones para arreglar (cuando renunció Martín
Lousteau), comportarse autoritariamente (no se sienta a negociar
con quien piensa distinto recurriendo a argumentos
infantiles) y estár más preocupado en ganar lo que
cree que es una batalla en vez de resolver lo que es un problema
(por más que así esté a punto de acabar con la recuperación
económica), el experto historiador Roberto Cortés Conde resalta
que también está cometiendo errores estratégicos en la
lectura de cómo es hoy la realidad sociológica del campo
argentino. Es que el gobierno encaró casi como una cruzada
contra la oligarquía el conflicto agropecuario. Pero, según
sostiene Cortés Conde, la composición del campo es muy distinto
a aquel de 1880, como parece que el matrimonio presidencial cree
que es. Y la principal diferencia es la existencia de una
clase media rural de capitales nacionales que es la que hoy se
siente golpeada. Toda una paradoja para un gobierno que, en los
discursos, lo que buscaba era, precisamente, incentivar la
construcción de una burguesía nacional. Cortés Conde disertó
en Rosario invitado por la Fundación del Banco Municipal de
Rosario, una entidad que lejos está de ser liberal y pagada por
"sectores golpistas". El analista es abogado de la UBA con un
posgrado en Sociología, y académico de la Real Academia de
Historia de España. En diálogo con punto biz, también deja
otra perlita sobre la particular situación nacional: el gobierno
es el primero en vivir (y causar) una crisis política
cuando hay crecimiento económico.
—El agro
vuelve a
aparecer otra vez con un papel protagónico en la vida política,
como lo fue entre 1880. ¿Qué diferencias hay entre aquel
sector rural y el actual?
— Lo que
pasa es
que en esa época nadie cuestionó que la Argentina exportara
alimentos y tuviera una política monetaria restrictiva para
evitar la inflación. Juan B. Justo y los dirigentes socialistas
que empezaron a tener fuerte participación en el Congreso
luchaban por mejoras salariales y de condiciones de trabajo,
pero defendían la estabilidad de la moneda porque sabían que la
inflación es el peor impuesto para los trabajadores. Es más, si
algo le criticaban a los conservadores, sobre todo al presidente
Juárez Celman, era ocasionar una gran inflación a finales de
siglo. Nunca el progresismo argentino estuvo a favor de la
inflación, porque perjudicaba los salarios de los obreros. Hoy,
en cambio, el gobierno que se dice popular es el que empuja con
sus políticas la inflación.
—¿Y por el lado del
campo?
— Del lado del campo,
la gran diferencia era que antes no había, como ahora, una gran
clase media rural. La estratificació n social era más simple:
grandes propietarios (la oligarquía) y arrendatarios, casi
campesin0s, que fueron los que se levantaron en el Grito de
Alcorta. La novedad es que ahora hay en el sector rural una
amplia clase media rural. Un importante sector que no tiene nada
que ver con la vieja oligarquía y que son hijos, nietos de
chacareros sin alcurnia a los que en estos últimos años les ha
ido bien, pero no son extraordinariamente ricos ni tienen todo
ese pasado mal llamado por el gobierno, oligarca o
golpista.
— Una burguesía nacional, como pide
el gobierno.
—Efectivamente. Y
paradójicamente, el gobierno que tanto pregona la necesidad de
construir un sector empresario atado a los intereses del país,
del interior y no de las multinacionales, lo está atacando de
muerte. Si el gobierno quería hablar de una burguesía nacional,
los tendría que escuchar más a ellos y no, por ejemplo, a la
industria automotriz y a los banqueros, que siempre estuvieron
bien cerca de los gobiernos, militares, civiles, radicales, los
que fueren. Hacer lo que está haciendo el gobierno con la clase
media rural es de una falta total de conocimiento de lo que son
los cambios de la sociología del país.
—¿Por
qué se rebela
ese sector?
— Si usted es muy
pobre, como las grandes masas que hay en el conurbano de Buenos
Aires, está acostumbrado al clientelismo electoral, que le den
un colchón, la televisión, y con eso se arreglan. Pero si usted
ha trabajado toda la vida, y ha logrado progresar y empieza por
sus propios méritos a ganar plata, seguro que va a protestar si
de golpe le empiezan a sacar la plata del bolsillo. Y cuando
usted mira lo que está pasando, usted ve que ésa es gente
trabajadora, que evidentemente estuvo mejor y que ahora el
gobierno está asfixiando. Los grandes terratenientes, que siguen
existiendo, están más protegidos frente al apriete fiscal del
gobierno que la clase media rural.
—¿Recuerda
algún
proceso de la historia argentina similar a este, en donde una
economía más o menos ordenada haya provocado tal nivel de
conflictividad política?
—
Nunca hubo crisis política en Argentina si antes no hubo crisis
económica. Tradicionalmente, en Argentina los conflictos
estallan cuando se empieza a derrumbar la economía. El
radicalismo pierde las elecciones en 1989 en medio de un proceso
hiperinflacionario histórico. El modelo de Carlos Menem
empieza a ser cuestionado a partir de la crisis de 1995, luego
de que el pais viniera creciendo desde 1991, y la Alianza nunca
tuvo un año de crecimiento económico. Pero ahora la crisis
estalla en un país que venía creciendo al 8% y para este año
podría haber llegado a crecer al 6%. Queda claro, entonces, que
el problema es político. El problema lo genera el gobierno
nacional.
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