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La crisis que se desencadenó con cierta virulencia en el enfrentamiento entre el
gobierno y sectores del campo abrió una grieta en el kirchnerismo, que por primera vez desde que
arribó al poder da señales de debilitamiento político y pérdida de credibilidad frente a la
sociedad. Al menos así lo entiende el sociólogo Marcos Novaro. "El problema de los Kirchner es que
construyeron poder a base de temor y no de respeto, y ya les empezaron a perder el miedo",
sostuvo.
Para Novaro, la lógica del kirchnerismo, más allá de decir
que encarna un espíritu setentista, se basa en gran medida en la metodología que encarnó el primer
peronismo. "Juan Perón también era ambicioso en su proyección discursiva en actos masivos, pero al
mismo tiempo era muy temeroso y paranoico. Algo similar ocurre con los Kirchner", dijo a
La Capital el intelectual porteño, quien se desempeña como profesor de teoría política
contemporánea de la UBA, además de ser investigador de Conicet y autor de varios libros sobre
política y sociología.
—¿Es precipitado decir que el gobierno entró en
crisis y con ello su modelo de comunicación?
—El gobierno siempre habló desde un centro político
que domina completamente: espera ser escuchado pero no rebatido. Se acostumbró a esa lógica, donde
el monopolio de comunicación está en sus manos y los medios son subalternizados. En las empresas de
medios aplicó la misma táctica que con otras empresas, que es la de palos y zanahorias, y muchas
veces con zanahorias suculentas.
—¿A qué se refiere con la subalternización de los
medios?
—Que los periodistas no pregunten y se limiten a
escuchar. El "modelo del atril", que es la negación de la conferencia de prensa, de la
entrevista...
—El gobierno siempre argumentó que prefiere el
contacto directo con la gente.
—Es un argumento falaz. Lo que está pasando es que
tienen un gran temor a la mediación y que su discurso quede invalidado, lo que muestra una gran
debilidad. Si su discurso es tan poderoso, ¿a qué le temen?
—¿Esto es coyuntural o responde a un modelo
atávico?
—Creo que el kirchnerismo, más allá de su espíritu
setentista, se referencia mucho en el primer peronismo. Juan Perón también era muy ambicioso en sus
proyecciones discursivas en los actos de masa, pero al mismo tiempo se mostraba paranoico y
temeroso. Ese temor lo volvía tan irritable que generaba el mismo efecto en sus opositores.
—¿La iniciativa oficial del Observatorio de Medios
tiene que ver con esa lógica?
—Está el oportunismo aventurero e irresponsable de
una universidad pública que la usan para hacer política partidaria; esa es una irresponsabilidad,
torpeza, falta de decoro. Por otro lado, está la cuestión de que los medios se vuelven un problema.
Por ejemplo, Clarín en estos años no ha sido para nada opositor. Esto quiere decir que no hay una
historia de enfrentamientos sino una historia de negociación y de acuerdos que aparentemente se han
caído. Y hay medios que empiezan a tener una actitud cada vez más desafiante, en gran medida
irritados no porque los dueños de los medios se lo indiquen, sino porque los periodistas están
irritados.
—Cristina dijo que ahora los golpistas no venían con
tanques sino con gerentes de medios de comunicación al frente...
—Esa es la fantasía paranoica que ellos están
montando y que creen que les puede servir para polarizar. A esto se le suman las peculiaridades del
Observatorio. ¿Qué ha sucedido con los medios en el estallido de la crisis política del
kirchnerismo? Es cierto que hay virulencia en los medios, pero sobre todo en los medios afines al
gobierno. El nivel de violencia discursiva y el desajuste en el diagnóstico que uno encuentra en
los medios del campo oficialista es notable.
—¿A qué se debe esto?
—Y... a mucha gente se le quemaron los papeles. La
crisis política fue tan acelerada que no entienden lo que pasó. Tratan de encontrar a un culpable
de la conspiración. No terminan de entender que ellos mismos, como gobierno, se han metido en una
situación que era innecesaria, evitable.
—¿Hay alguna concordancia entre el impulso del
Observatorio de Medios con la asunción de Kirchner en la jefatura del Partido Justicialista?
—No me parece. Después de que Cristina asumió, el
gobierno advirtió que no podía tener más una informalidad partidaria. Creo que fue bueno que
abandonara esa informalidad y reconociera que los principales apoyo que recibió fueron del
justicialismo. La transversalidad le dio pocos resultados y tuvo que consolidar un poder
partidario. Eso para la democracia es bueno. Y para el gobierno también es bueno. Ese momento se
superpuso lamentablemente con una serie de errores de política del gobierno que llevaron a
desencadenar el conflicto.
—¿Con el tema del agro?
—Lo del agro, la inflación y una serie de problemas
que se fueron montado unos sobre otros. En los últimos dos meses no han dejado de cometer errores y
todos los días van expulsando gente a su alrededor.
—¿Advierte que ya le empezaron a perder el respeto a
Kirchner?
—El problema es que nunca nadie le tuvo respeto; le
tenían miedo. Y cuando uno construye poder solamente con el miedo, es muy frágil. Uno que demuestre
que el rey está desnudo, todos inmediatamente lo ven al rey desnudo. Todos están diciendo: "Los
Kirchner no sólo no nos gustan, los Kirchner ya no asustan a nadie".
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