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29-5 Kirchner, el PJ y los "componentes estalinistas"
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El ex gobernador corodobés José Manuel de la Sota se manifestó ayer muy duro contra Néstor Kirchner y la declaración del consejo nacional justicialista en relación con el conflicto del campo. Sobre la reorganización del PJ dijo que no formará parte de un partido con 'componentes estalinistas'. Las diferencias y semejanzas entre dos políticos ambiciosos y autoritarios movidos por consideraciones de poder.

| 29/05/2008 | 13:15

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) El ex gobernador corodobés José Manuel de la Sota se manifestó ayer muy duro contra Néstor Kirchner y la declaración del consejo nacional justicialista en relación con el conflicto del campo. En una nota realizada por Cadena3, el periodista lo consultó acerca de cómo reaccionará el cacique justicialista con respecta a la declaración del PJ, a lo que De la Sota respondio: "Yo nunca seré parte de un partido que tenga componente estalinista, donde se lo obligue a uno a adherir a un pensamiento único. Si en el Partido Justicialista presidido por Néstor Kirchner no hay libertad de crítica, no hay libertad de opinión, no hay respeto de diversidad de idea, no vale la pena estar ahí adentro. Yo aspiro a que el peronismo no sea un partido agresor; aspiro a que el peronismo sea el partido de la unión de los argentinos."

Cuando De la Sota habla de estalinismo, es invitable pensar en al figura de Stalin, el dictador fundador del movimiento. Aquí, algunos datos que arroja la biografía del soviético para reflexionar.

Para Iósif Stalin lo esencial era la ambición de poder, pues una vez que eliminó a Trotski (al que mandó al exilio en 1929 y luego hizo asesinar en 1940), se desembarazó también del ala 'izquierda' del partido (Zinoviev y Kamenev, ejecutados en 1936) y del ala 'derecha' (Bujarin y Rikov, ejecutados en 1938) e instauró una sangrienta dictadura personal, apropiándose de las ideas políticas que habían sostenido sus rivales.

Stalin gobernó la Unión Soviética de forma tiránica desde los años treinta hasta su muerte, implantando el régimen más totalitario que haya existido jamás; pero también hay que atribuirle a él la realización del proyecto socioeconómico comunista en Rusia, la extensión de su modelo a otros países vecinos y la conversión de la URSS en una gran potencia.

Radicalizando las tendencias autoritarias presentes entre los bolcheviques desde la Revolución, acabó de eliminar del proyecto marxista-leninista todo rastro de ideas democráticas o emancipadoras: anuló todas las libertades, negó el más mínimo pluralismo y aterrorizó a la población instaurando un régimen policial. Dispuesto a eliminar no sólo a los discrepantes o sospechosos, sino a todo aquel que pudiera poseer algún prestigio o influencia propia, lanzó sucesivas purgas contra sus compañeros comunistas, que diezmaron el partido, eliminando a la plana mayor de la Revolución.

Con la misma violencia impuso la colectivización forzosa de la agricultura, hizo exterminar o trasladar a pueblos enteros como castigo o para solucionar problemas de minorías nacionales, y sometió todo el sistema productivo a la estricta disciplina de una planificación central obligatoria. Con inmensas pérdidas humanas consiguió, sin embargo, un crecimiento económico espectacular, mediante los planes quinquenales: en ellos se daba prioridad a una industrialización acelerada, basada en el desarrollo de los sectores energéticos y la industria pesada, a costa de sacrificar el bienestar de la población (sometida a durísimas condiciones de trabajo y a grandes privaciones en materia de consumo).

La represión impedía que se expresara el malestar de la población, apenas compensada con la mejora de los servicios estatales de transporte, sanidad y educación. A este precio consiguió Stalin convertir a la Unión Soviética en una gran potencia, capaz de ganar la Segunda Guerra Mundial (1939-45) y de compartir la hegemonía con los Estados Unidos en el orden bipolar posterior.