Días atrás informamos que en el
máximo nivel de una de las Fuerzas Armadas se hizo la consulta acerca de la
viabilidad de hacer inteligencia interna para el gobierno, tema que está
absolutamente vedado a los militares y que éstos cumplen a
rajatabla.
Pese a ello y como una
demostración del creciente estado de debilidad que transita el gobierno, desde
el centro del poder político se hizo en forma de "tanteo" - así lo titulamos en
su momento - una exploración que culminó con un altercado entre quienes
analizaban el problema, agravado en ese caso por la severa negativa del
correspondiente responsable militar del área. Con esfuerzo, el asunto no pasó a
mayores pero permitió inferir el alto grado de preocupación oficial por los
distintos problemas que surgen por la incapacidad administrativa de las
autoridades políticas. También se evaluó las dificultades de la Casa Rosada por
contar con un adecuado servicio de inteligencia por parte de la SIDE, que es el
organismo responsable de estos menesteres. La Secretaría es, entre otras cosas,
la encargada de suministrarle información estratégica al gobierno de turno, lo
que comprende tanto al ámbito interno como al externo. Hoy día, ambas tareas
también están afectadas por la ausencia de conducción desde la presidencia de la
República, que es la que fija las pautas correspondientes. El tema se ha
complicado últimamente pues tiene sus derivaciones en la vida interna del
"organismo" donde operan líneas enfrentadas y simpatías políticas exacerbadas
naturalmente por la atmósfera que se vive. Agreguemos que muy posiblemente
quienes habitan la Casa Rosada desconozcan para que sirven las actividades de
inteligencia y en que medida éstas son imprescindibles para conducir a la
República. Y para no quedarnos cortos añadiremos que la visión del papel de un
Estado, cualquiera sea éste, debe ser ejercida por quienes reúnan las necesarias
capacidades-
Después del episodio que
comentamos y que inevitablemente trascendió al margen de nuestro correo
cibernético, hace algo más de unas horas el gobierno hizo un nuevo intento de
complicar a los responsables castrenses - creemos que ya curados de espanto -
a través del secretario de Estrategia Militar del ministerio de Defensa,
Dr. Carlos Aguilar, un hombre que responde a un agente de inteligencia activo y
del que lo menos que puede decirse es que se mueve desde hace años como un
polémico perturbador político: se llama Horacio Verbitsky quien gira bajo la
pátina de periodista ideológico financiado desde el
exterior.
Aguilar, por instrucción directa
de Nilda "Cabernet" Garré, lanzó la misma consulta ampliada esta vez a las tres
Fuerzas Armadas, es decir, al general Santos Milani, al capitán de Navío Abadal
y al brigadier Macaya, quienes respondieron de idéntica forma negativa
aferrándose a la letra y espíritu de la ley vigente.
Pese a todo, el jefe del Ejército,
teniente general Bendini, consultado a su vez por la situación, habría
respondido que "en principio" no existiría problemas, pero la contestación
eludió - no sabemos si con habilidad - la referencia a cual sería la reacción
de los subordinados
especializados ante una "sugerencia" de tamaña naturaleza.
Así las cosas, la Casa Rosada
enfrenta la crisis política más profunda de los últimos tiempos, mientras en
síntesis, el país está paralizado, el mundo financiero inactivo y con miedo, la
producción sin recursos y con incertidumbre, las exportaciones
sumergidas en la duda, la inseguridad pública enseñoreada en la vida
cotidiana, la opinión pública azorada y el gobierno en general sometido a la
voluntad de un ex presidente cuya personalidad se muestra desequilibrada
hasta tal punto que abre profundas dudas, brechas digamos, en todo el ámbito
político, incluso el que le es afín.
Pero volvamos por un instante a
este asunto tan complejo y apasionante al que pertenece la
Inteligencia y digamos por hoy, a modo de reflexión para la despedida
transitoria, que los políticos que dictaminaron en esta materia tan específica
cerrándole las puertas a las estructuras castrenses y olvidándose de la
importancia del organismo destinado a esta disciplina, aparecen ahora como
víctimas de su propia impericia y resentimiento.
Carlos Manuel
Acuña