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En
avanzado proceso de extinción, los kirchneristas parecen emocionarse con
la ceremonia anticipada de los funerales, políticamente
imaginarios.
Con fervor indirecto, los implosionados organizan el
acto multitudinario de Rosario. Le ponen más vigor, inclusive, al clima
destituyente de Rosario, que a la tristeza institucional del éxodo
patriótico. Hacia Salta. La memoria de Güemes no merecía servir el
escenario provincial. Para semejante autoinmolació n. Que nada tiene de
abnegación. Ni de valentía.
Duele
entonces comprobar que el peronismo, esa estructura pragmática de astutos
que garantiza la gobernabilidad, fue copado. Hasta la insolvencia, tío
Plinio querido. Por el fundamentalismo de la necedad.
El “clima
destituyente” es, en tanto malentendido, un desperdicio colosal. Una
rutina mediática que alcanza ribetes, bastante indeseables, de
monotonía. Desde las rutas al diálogo, para volver a las
rutas.
La
toalla del consenso
Para sacar
a los destituyentes chacareros de la ruta, los demócratas, civilistas y
legales, armaron, tío Plinio querido, el operativo clamor más
extraordinario. Para que los destituyentes levantaran el desafío del
paro. Y así trasladar, a los desbordados dirigentes, sorprendidos en la
condición de líderes revolucionarios, hacia la mesa de negociaciones,
donde siempre, en apariencias, se los espera. Para el ornamento del
“diálogo”, una franelita interminablemente dilatoria.
Los
convocaron, a los golpistas destituyentes, a través de solicitadas, de
pronunciamientos de pensadores esclarecidos, de banqueros temerosos, de
empresarios lícitamente preocupados por la parálisis de la
economía. Fue una esmerada superproducció n de súplicas. Con
victimizaciones típicas de un gobierno que los prefería, en el principio,
de rodillas. Y que ahora, arrodillado, los llamaba. Desde el máximo
peldaño institucional. El gobierno pedía, tío Plinio querido, la toalla
del consenso. Al menos, de la comprensión.
Sin
embargo, al llegar el momento del diálogo añorado, les brota, de pronto, a
los implosionados, la pasión por el fracaso. Los tienta la generación del
“clima destituyente” . El desgaste del adversario que fue, precisamente,
el que los votó. Con el objetivo secreto de destituirlos.
La franela
del diálogo se transforma, al fin y al cabo, en el recetario, tío Plinio
querido, paulatinamente eficaz. Para instigar, a los destituyentes
chacareros, a volver, ahora con mayor convicción que furia, hacia las
rutas. Para escucharlo a Alfredo.
Para que
el gobierno a la deriva, al que para colmo nadie quiere destituir, vuelva
a convocarlos, por infinita vez, al diálogo. Y así sucesivamente, hasta
desembarcar en el fastidio colectivo de la actualidad. Al estado de
movilización o de desidia. A vivir, a casi doscientos años, aún en
estado de Cabildo Abierto.
Entonces
Rosario, tío Plinio querido, el domingo va, históricamente, a
desbordarse. Por culpa de los Kirchner. Por un gobierno desperdiciado,
que reduce implacablemente su credibilidad. Para conspirar,
imperdonablemente, contra sí mismo. Y lograr la hazaña de
autodestituirse.
Porteños y chacareros
El 25 de
Mayo incita, de por si, a la noción de patria. A la celebración mitificada
del coraje. Al desafío de encarar el país como una aventura
posible. Como si se iniciara un cuaderno, escribiría Oscar
Barros. Por evitar las penitencias, eventualmente clericales, de Buenos
Aires, los Kirchner decidieron encarar el éxodo hacia Salta. Mientras
tanto, producen el clima, masivamente destituyente, de
Rosario. Demasiado dramatismo de ciudades para un domingo patrio,
alejado de la solemnidad que proponían aquellos actos recordatorios de la
infancia.
Por lo
tanto, el miedo gubernamental es francamente despreciable. Los Kirchner
no se bancan, tío Plinio querido, la palabra, institucionalmente
organizada, de Dios. Son tan frágiles, que el discurso previsible de un
cura puede mortificarlos. Entonces se desplazan hacia Salta, a los
efectos de conmemorar el acontecimiento de origen municipal, que tiene que
ver, sobre todo, con el pueblo de Buenos Aires. Si el emblema del 9 de
Julio es el Congreso de Tucumán, la imagen del 25 de Mayo remite
directamente al Cabildo. A las escarapelas del Billiken, de French y
Beruti, a los paraguas y a la lluvia. El desaire al compañero
Bergoglio, aunque sea un cura, es trasladable, automáticamente, a los
porteños que aún no comprenden. ¿Cómo van a comprender, entonces, a los
chacareros?
Tía Edelma se moviliza
Para
terminar, no debería, de ningún modo, tío Plinio querido,
preocuparse. Porque tía Edelma quiera irse, desde el sábado, hacia
Rosario. La prima Elvira, la viuda, la puede recibir.
No se
preocupe, aunque tía Edelma se vaya acompañada por la Otilia, que es
fatal. Entre tantos chacareros, la Otilia, quien le dice, a lo mejor
puede conseguirse un gaucho de honor. Dispuesto al sacrificio. Un hombre
de palabra, sobre todo de acción directa, con actitud. Que se predisponga
a calmar la postergada fogosidad. A lo mejor la Otilia estimula, con su
justo derecho, el sueño del Alfredo propio. Espérela entonces, a la tía
Edelma, en la calma de la montaña de Punilla. Aproveche, con moderación,
su ausencia. Siga el melodrama patriótico desde el conveniente televisor.
Sin excederse, entre tanto zapping, con el Malbec.
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