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Publicada 19/05/2008
Al inicio de la semana
/ Roberto Cachanosky
Corrida cambiaria: dónde buscar a los
responsables
El temor de los argentinos a un corralito u otro
tipo de medidas confiscatorias no es provocado por quienes
analizamos la realidad económica, sino por los responsables de
la actual crisis.
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El viernes a la mañana, leyendo una nota de Marcelo Bonelli en Clarín,
me desayuné con que Martín Redrado, el presidente del Banco
Central, le habría elevado un informe reservado a Cristina
Fernández de Kirchner en el cual se sostendría que yo, junto
con otros economistas, había generado temor en la gente y
provocado, en consecuencia, una corrida cambiaria.
Mí
supuesta “poderosa influencia” sobre el mercado habría surgido
de la nota que publiqué en Economía para Todos bajo
el título ¿Puede haber otro corralito?. Ahora
bien, si efectivamente la información que da Marcelo Bonelli
en su artículo es cierta (se trata de un dato que no fue
desmentido por Martín Redrado) y en el supuesto de que mi nota
en verdad hubiese contribuido a la corrida, la única
conclusión que uno puede sacar es que yo soy más creíble que
el Gobierno. Obviamente, no me creo tan influyente como para
tener el poder de mover el mercado de cambios ni las
expectativas de la gente. Es más, si tuviera esa capacidad no
tendría que trabajar como lo hago todos los días, sino que
estaría en una playa tomando sol, arbitrando en el mercado y
ganando fortunas gracias a mi “gran influencia” sobre los
agentes económicos.
En rigor, si Martín Redrado se
hubiese tomado el trabajo de leer bien mi nota, hubiera
advertido que en ningún momento digo que vaya a haber un
corralito, sólo señalo que los Kirchner han hecho todo lo
necesario para crear incertidumbre y temor en la gente, al
punto de generar el terror a otro corralito. Por un lado,
todavía está fresca en la memoria de los argentinos la crisis
del 2001/2002. Y, por otro lado, los ciudadanos advierten que
éste es un gobierno que está dispuesto a adoptar cualquier
medida intervencionista, por más confiscatoria que sea, para
mantenerse en el poder. El dibujo del Índice de Precios al
Consumidor (IPC) por parte de Guillermo Moreno no es otra cosa
que una forma de defaultear parte de la deuda pública. El
impuesto a la soja es claramente confiscatorio. Las
prohibiciones de exportación de carne y de trigo son otros
ejemplos. De manera que, como decía la semana pasada, ha sido
el gobierno solito el que se ha encargado de generar un marco
de inseguridad jurídica.
A pesar de la infundada
acusación sobre mi supuesta contribución al temor de la gente,
voy a ser generoso con Martín Redrado, a quien conozco desde
hace 25 años, aportándole algunos conceptos básicos de
economía para que, en todo caso, los incluya en su informe
reservado.
En primer lugar, sería bueno recordar que
la moneda es una mercadería como cualquier otra. Hay muy
buenos libros sobre historia de la moneda que podrían repasar
mediante algún seminario en el Banco Central. Los clavos, el
bacalao, el cacao y otros productos fueron utilizados en la
antigüedad como medio de intercambio hasta que se llegó al oro
y la plata como las monedas por excelencia. Sin embargo,
cuando Nixon declaró la inconvertibilidad del oro en los 70,
todo el sistema monetario quedó limitado a papel moneda. Así,
lo que utilizamos hoy en día como moneda son papeles impresos
emitidos por algún banco central.
En este contexto, la
mayoría de la gente que retiró sus depósitos de los bancos y
compró dólares en las últimas semanas lo hizo sin conocer qué
hay en los activos de la Reserva Federal respaldando cada
dólar en circulación. Pregunta: ¿por qué la gente compra
dólares para defender sus ahorros si desconoce qué tiene la
Reserva Federal de Estados Unidos en sus activos? Porque desde
que se abandonó el patrón oro, las monedas están respaldadas
por la calidad institucional de cada país emisor. Dicho en
otras palabras, no es que la gente compre dólares en la
Argentina porque sabe qué tiene la Reserva Federal en sus
activos, sino que compra dólares porque confía en que en los
Estados Unidos los gobiernos podrán cometer errores, pero no
los disparates que se comenten aquí. Más precisamente, creen
más en la seriedad de las instituciones jurídicas, políticas y
económicas estadounidenses que en las instituciones
argentinas, por eso eligen el dólar como refugio y no el peso.
Si los técnicos del Banco Central refrescaran algunos
conceptos básicos sobre moneda, podrían advertir, asimismo,
otro problema que ellos mismos han generado. Como la moneda es
una mercadería como cualquier otra, su demanda no es infinita.
Si el Banco Central produce mucha moneda y la gente no aumenta
la demanda al mismo ritmo, el precio de la moneda baja, es
decir, se produce lo que popularmente se conoce como
inflación. Y cuando la inflación aumenta, se genera una huída
de la moneda, ya que la gente compra bienes y dólares antes de
que los precios vuelvan a subir.
Como el único que
puede emitir moneda en la Argentina es el Banco Central,
resulta ser que el responsable de la inflación es esa misma
entidad. Sin embargo, Redrado mira para el costado y dice no
ser responsable de la inflación. Entonces, entra en acción
Moreno, quien empieza a regular los precios, prohibir las
exportaciones y controlar los márgenes de ganancia, mientras
la fábrica de emitir billetes bate récords de producción.
Digamos que Redrado genera la inflación y Moreno se encarga de
agravar el problema con sus medidas primitivas de controles de
precios.
Así como hay muy buenos libros sobre historia
monetaria y moneda, también hay otros excelentes que explican
la relación entre el crecimiento y la calidad institucional de
los países. Le sugiero a Redrado repasar “La acción humana” de
Ludwig von Mises, “Derecho, legislación y libertad” de
Friederich von Hayek o los textos de Mancur Olson: “Poder y
prosperidad”, “La lógica de la acción colectiva” y “Auge y
decadencia de las naciones”. Tal vez, repasando estos libros
podría incluir algunos párrafos en su informe para ilustrar
sobre este problema crucial que, además de los autores
mencionados, ha sido tratado por infinidad de economistas.
¿Para qué les serviría repasar estos conceptos tan
importantes? Para frenar la corrida y, de paso, poner al país
en una senda de crecimiento sostenido.
Es preciso
comprender que la gente retiró la plata de los bancos no por
temor al sistema bancario, sino por miedo a lo que puede hacer
un Ejecutivo que, en los últimos cinco años, se ha
caracterizado por pasarle por encima a todo el orden jurídico
e institucional. Como no hay calidad institucional, los
argentinos huyen de los pesos que emite el Banco Central y, al
mismo tiempo, ponen sus ahorros fuera del alcance de las manos
del Gobierno.
En definitiva, la Carta Orgánica del
Banco Central obliga a sus autoridades a defender el valor de
la moneda. El problema es que sus autoridades se equivocaron y
creyeron que la moneda que tenían que proteger era el dólar.
En todos estos años de gestión kirchnerista, depreciaron el
peso emitiendo y endeudándose para sostener el eufemismo del
“tipo de cambio competitivo”. Así, defendieron el valor del
dólar en detrimento del peso. Tanto depreciaron el peso que,
como resultado, la gente huye de los papeles pintados que
emite el Banco Central y compra dólares para defenderse de la
inflación que genera el mismo Central y por miedo a las
medidas que vio tomar al Gobierno cada vez que la situación se
complicó.
A todo esto le agregaría el flaco favor que
le hacen al Gobierno los economistas “pro modelo” cuando dicen
que hay que subir el tipo de cambio. Y no fui yo quien dijo
que había que devaluar, lo dijeron públicamente los
economistas amigos del Gobierno que ven deteriorarse el “tipo
de cambio competitivo”.
En síntesis, lo que estamos
viendo es el resultado de años de emisión monetaria y ausencia
de respeto por los derechos de propiedad. Las crisis no
ocurren porque sí. Son la acumulación de errores que
finalmente estallan. Ellos desaciertos son la madre del
borrego y yo, como no fui ni soy parte de este gobierno, no
tengo nada que ver con la emisión monetaria ni la violación de
los derechos de propiedad. En todo caso, para explicar la
corrida busquen a los responsables por Balcarce 50, Puerto
Madero, Olivos o Reconquista 266. ©
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Link del
artículo:
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