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En 1992, en la campaña del
candidato demócrata Bill Clinton,
este acuñó la famosa frase "Es la
economía, estúpido", para referirse a que las principales preocupaciones del
electorado estadounidense giraban alrededor de temas como el desempleo y la
inflación.
La frase se popularizó tanto
en el mundo entero, que se usa frecuentemente para destacar
el problema central, de una situación
dada.
Los casi cinco años del
gobierno de los Kirchner están plagados de todo tipo de anomalías, gruesos
errores políticos y económicos y de
permanente trasgresiones a las leyes y de la Constitución Nacional.
Su particular estilo de buscar
apabullar, atropellar y humillar al adversario fue la constante de toda la
gestión de este matrimonio, en
particular del ex presidente. Siempre trató al que pensaba distinto o que
no compartía sus enfoques, no como un adversario, sino como
un enemigo.
Estos procedimientos de
gobierno continúan, no obstante el hecho que la presidente es su esposa. Siguen,
porque el ex presidente no suelta las riendas del poder y su consorte la Sra. Fernández, es simplemente una figura
decorativa, un verdadero mascarón de
proa, sin fuerza alguna en las decisiones
públicas.
Esta dualidad, absolutamente
inédita e insólita va desastando a la pareja presidencial rápidamente y se
evidencia en la abrupta caída
en la
aceptación de la gestión política y de la imagen del matrimonio presidencial.
Este espectacular desmoronamiento en estos índices se agudizaron drásticamente
por el conflicto que el gobierno mantiene con el campo y la totalidad del sector
agropecuario.
La postura irresponsable del
gobierno y particularmente de los Kirchner y las torpes medidas, proposiciones y
decisiones adoptadas, llevó a la crisis
a un punto prácticamente sin retorno.
Esa situación se debe
fundamentalmente a la terquedad, empecinamiento y
tozudez rayana en la irresponsabilidad del ex presidente,
que
confirma de esta manera, su absoluta falta de aptitud para resolver los
conflictos que casi a diario se presentan en la sociedad. No entra en su esquema
personal, el diálogo para arribar a
soluciones consensuadas, que permitan una convivencia
pacífica y
armónica en el país. Así fue durante toda su
gestión. Pero alguna vez estos atropellos debían terminar.
El campo se ha visto lesionado
no solo en su dignidad sino también en sus derechos.
Y del lado del campo ha tomado
partido el grueso de la ciudadanía. El tema no tiene una
concepción
ideológica ni tampoco gremial. Es simplemente el decir
“basta” a un estilo político
autoritario, prepotente, de extorsiones políticas, de clientelismo, de mentiras,
de escandalosa corrupción, de prescindencia de las instituciones republicanas y
del manejo absolutamente discrecional y arbitrario del
poder.
El déspota se encontró con una
situación inédita en los muchísimos años que lleva en el poder, tanto en su
provincia y en el país. Kirchner está
solo. Está en una soledad y debilidad absoluta. No dispone ni siguiera
de los medios de coacción como resguardo del orden y de la
seguridad.
Difícilmente le respondan
adecuadamente las fuerzas policiales y de seguridad. Las FF.AA, por ley está
impedidas de actuar en el frente interno. Seguramente tampoco lo harían de
serles ordenado.
Y Kirchner en conocimiento de
ello apela a lo único que aún le queda. Sus fuerzas de choque. Las agrupaciones piqueteros que
le son funcionales. Aquellas que están compradas.
Los mercenarios. También algunos peronistas (pero no los de Perón, sino los que
fueron echados de la Plaza de Mayo en ocasión de su última aparición
pública).
Kirchner habría dispuesto que
estas organizaciones comiencen a alistarse y movilizarse para embestir contra
los que reclaman y
protestan por el tema campo y contrarrestar las espontáneas y pacíficas
reuniones de los agricultores y ganaderos.
Ello reabre nuevamente el
camino de la violencia entre los
argentinos. Es volver a perder la paz
social.
Kirchner pasará a la historia
como el presidente que volvió de dividir a los
argentinos.
Un proceso similar al de Venezuela, pero mucho más agudo ya que un porcentaje
altísimo está en contra de las maniobras espurias de este
insensato e irresponsable
déspota.
No tenemos dudas que en el
futuro los Kirchner ya fuera del gobierno y de las inmunidades jurídicas,
pasarán el resto de sus días recorriendo juzgados o directamente detrás de las
rejas.
Pero de producirse una sola
muerte, una sola, derivado de
sus insensatas decisiones, deberá cargar con
la responsabilidad institucional e
histórica.
Ya ha ocurrido una vez en la provincia de
Santa Cruz, con el alevoso asesinato del
policía Jorge Sayago. No
debería ocurrir de nuevo. Y de ocurrir,
los Kirchner serán los directamente responsables.
Nuevamente el gobierno
emprende el camino de la confrontación. El presidente
no comprende
que la piedra basal para la construcción del país es la paz social. Debería ser el
objetivo prioritario de todo gobierno. Está taxativamente expresado en el preámbulo de la Constitución
Nacional. Kirchner hace exactamente lo contrario. Y esta vez está jugando
peligrosamente con fuego. En realidad siempre lo ha
hecho. Pero
este conflicto es probablemente el más grave y de consecuencias difíciles de
predecir por el odio y la discordia que este matrimonio sembró en nuestro
país.
Es absolutamente
aplicable la frase
pronunciada por Clinton en los EE.UU. y que lleva como título esta nota. Solo en
razón de su género, a la cual tan frecuentemente apela la Sra. Fernandez, el dicho debería ser: “Es consolidar
la paz social,
estúpida” (lo expresamos simplemente para hacer una analogía. Por
supuesto con el debido respeto que se merece la presidente y sin ninguna
intención de ofender).
19-May-08
ALFREDO RAÚL
WEINSTABL
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