Autoconvocados de Capital Federal

10-6 El Discurso
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HÁBIL DEMOSTRACIÓN PARA
 
OCULTAR LA DEBILIDAD Y LA NADA
 
Por Carlos Manuel Acuña
 
 
El discurso de Cristina Fernández de Kirchner fue una hábil demostración para disimular la debilidad política en que se encuentra el gobierno y tratar de impactar dialécticamente en la opinión pública urbana. Con elocuencia y sin agresividades - otro cuidadoso detalle de esa debilidad -  consciente de que el país estaba pendiente de sus palabras, intentó demostrar que las retenciones y la presión fiscal sobre el campo eran necesarias para redistribuir esos fondos entre la población con un destino específico. Para ello, recurrió a argumentos efectistas, al recurrente problema de la pobreza y la salud pública, al reconocido mal estado de los caminos rurales y a otras necesidades insastifechas después de más de cinco años de gobierno kirchnerista.
 
Lo que hace todavía más vulnerable al contenido de la disertación, es la pregunta insastifecha de porqué sólo ahora en que la crisis desatada por las medidas contra el campo se ha desbordado incontenible y peligrosamente, la presidente anuncia con bombos y platillos la necesidad de fondos para atender esos proyectos. ¿Por que no lo señaló en el momento de aplicar las retenciones móviles hace tres meses? Esto es así porque dicha medida fue adoptada de manera improvisada sin tener en cuenta las reacciones que produciría y las consecuencias gravísimas que repercutirían en la sociedad y en la economía. En síntesis, puede afirmarse que el discurso presidencial colocó a la Casa Rosada en una actitud defensiva, en la necesidad de encontrar justificativos dada la intensidad que adquirió el conflicto y en buena medida expresó el grado de inquietud que embarga al oficialismo.
 
Es posible que Cristina lo ignore en detalle, pero su instinto y las noticias que circulan le hicieron saber que su estabilidad está en peligro no sólo por los reclamos del campo  que en definitiva actuaron como una disparador de un problema mayor, sino también por otra serie de factores que sumados, convierten a su gobierno en una verdadera bomba de tiempo a punto de estallar. Más aún, los reveses surgidos durante su última gira por el exterior que son cuidadosamente ocultados, determinaron que confiara a terceros muy importantes la profundidad de sus inquietudes y hasta dejó traslucir la posibilidad de dejar el cargo en algún momento relativamente cercano. Cristina será ignorante de muchas cosas, sobre todo carece de capacidad para ejercer la Primera Magistratura de un País de la envergadura de la Argentina, aunque sabe muy bien algunos temas básicos. Entre ellas, que los números de la inflación oficial son falsos aunque lo niegue a rajatabla y que esos números irán en aumento hasta comerse la tranquilidad social y las perspectivas económicas; que por ese motivo las lealtades partidarias durarán hasta cierto límite y que las críticas que se formulan a su escaso desempeño se reparten entre su persona y su marido que es quien realmente manda. Tampoco ignora que esta última circunstancia va en desmedro de su gestión, de su imagen como presidente y por cierto, de su futuro político.
 
Por eso, el discurso pronunciado en un salón que debió llenarse con funcionarios menores y empleados convocados especialmente para los aplausos, le trajo a la memoria otro fracaso reciente: la celebración en Salta que escasamente sumó a unas 10 mil personas, en tanto más de 300 mil se congregaban en Rosario para vivar al campo. Posiblemente, el instinto de Cristina llegue a estos límites y no ahonde el complejo escenario de problemas que se derraman sobre la República, en las resistencias cada vez más serias que despiertan determinados funcionarios por su pasado criminal y revolucionario, en la caída vertical de su imagen y la de su marido, en la desaparición de la Argentina frente al mundo exterior, en la incapacidad y deshonestidad manifiesta de buena parte de los funcionarios y finalmente, la alteración emocional que produce la incertidumbre respecto del futuro. Ahora queda por ver si sus limitaciones en todo sentido, le permitirán al menos considerar el papel que jugará la Iglesia para evitar un verdadero drama que se adivina y que su marido se empeñó y empeña sucesivamente en negar. Más aún, Néstor Kirchner, desafiante,  se manifestó sucesivamente en negar mientras agredía a cualquiera que pensara distinto. Es decir, lo opuesto a un estadista.
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