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HÁBIL DEMOSTRACIÓN
PARA
OCULTAR LA DEBILIDAD Y LA
NADA
Por Carlos Manuel
Acuña
El discurso de Cristina Fernández de
Kirchner fue una hábil demostración para disimular la debilidad política en que
se encuentra el gobierno y tratar de impactar dialécticamente en la opinión
pública urbana. Con elocuencia y sin agresividades - otro cuidadoso detalle de
esa debilidad - consciente de que el país estaba pendiente de sus
palabras, intentó demostrar que las retenciones y la presión fiscal sobre el
campo eran necesarias para redistribuir esos fondos entre la población con un
destino específico. Para ello, recurrió a argumentos efectistas, al recurrente
problema de la pobreza y la salud pública, al reconocido mal estado de los
caminos rurales y a otras necesidades insastifechas después de más de cinco años
de gobierno kirchnerista.
Lo que hace todavía
más vulnerable al contenido de la disertación, es la pregunta
insastifecha de porqué sólo ahora en que la crisis desatada por las medidas
contra el campo se ha desbordado incontenible y peligrosamente, la presidente
anuncia con bombos y platillos la necesidad de fondos para atender esos
proyectos. ¿Por que no lo señaló en el momento de aplicar las retenciones
móviles hace tres meses? Esto es así porque dicha medida fue adoptada de manera
improvisada sin tener en cuenta las reacciones que produciría y las
consecuencias gravísimas que repercutirían en la sociedad y en la economía. En
síntesis, puede afirmarse que el discurso presidencial colocó a la Casa Rosada
en una actitud defensiva, en la necesidad de encontrar justificativos dada la
intensidad que adquirió el conflicto y en buena medida expresó el grado de
inquietud que embarga al oficialismo.
Es posible que Cristina lo ignore
en detalle, pero su instinto y las noticias que circulan le hicieron saber que
su estabilidad está en peligro no sólo por los reclamos del campo que
en definitiva actuaron como una disparador de un problema mayor, sino también
por otra serie de factores que sumados, convierten a su gobierno en una
verdadera bomba de tiempo a punto de estallar. Más aún, los reveses surgidos
durante su última gira por el exterior que son cuidadosamente ocultados,
determinaron que confiara a terceros muy importantes la profundidad de sus
inquietudes y hasta dejó traslucir la posibilidad de dejar el cargo en algún
momento relativamente cercano. Cristina será ignorante de muchas cosas, sobre
todo carece de capacidad para ejercer la Primera Magistratura de un País de
la envergadura de la Argentina, aunque sabe muy bien algunos temas básicos.
Entre ellas, que los números de la inflación oficial son falsos aunque lo niegue
a rajatabla y que esos números irán en aumento hasta comerse la tranquilidad
social y las perspectivas económicas; que por ese motivo las lealtades
partidarias durarán hasta cierto límite y que las críticas que se formulan a su
escaso desempeño se reparten entre su persona y su marido que es quien realmente
manda. Tampoco ignora que esta última circunstancia va en desmedro de su
gestión, de su imagen como presidente y por cierto, de su futuro
político.
Por eso, el discurso pronunciado
en un salón que debió llenarse con funcionarios menores y
empleados convocados especialmente para los aplausos, le trajo a la memoria
otro fracaso reciente: la celebración en Salta que escasamente sumó a unas
10 mil personas, en tanto más de 300 mil se congregaban en Rosario para vivar al
campo. Posiblemente, el instinto de Cristina llegue a estos límites y no ahonde
el complejo escenario de problemas que se derraman sobre la República, en las
resistencias cada vez más serias que despiertan determinados funcionarios por su
pasado criminal y revolucionario, en la caída vertical de su imagen y la de su
marido, en la desaparición de la Argentina frente al mundo exterior, en la
incapacidad y deshonestidad manifiesta de buena parte de los funcionarios y
finalmente, la alteración emocional que produce la incertidumbre respecto del
futuro. Ahora queda por ver si sus limitaciones en todo sentido, le permitirán
al menos considerar el papel que jugará la Iglesia para evitar un
verdadero drama que se adivina y que su marido se empeñó y empeña sucesivamente
en negar. Más aún, Néstor Kirchner, desafiante, se manifestó sucesivamente
en negar mientras agredía a cualquiera que pensara distinto. Es decir, lo
opuesto a un estadista.
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