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El imperio que
construyó Stalin se basó en la apropiación de la renta agraria.
¿Algún punto de
contacto con el proyecto kK?
por Antonio I. Margariti desde Economía
Para Todos
Cuando en 1924, Iósif Vissariónovich Dzhugashvili –el
sanguinario déspota soviético más conocido como Stalin– fue designado secretario general del partido, se propuso
un objetivo delirante: acumular
poder y someter al pueblo ruso por medio del terror.
Desde el principio comprendió que el gran obstáculo para su
proyecto de megalomanía iban a ser los campesinos de "las tierras negras de
Ucrania", una de las más feraces planicies del mundo junto con "la pampa
argentina".
Viajeros de la época testimoniaban: "He atravesado Ucrania
y
descubierto una maravilla: es un inmenso jardín agrícola en pleno rendimiento y
de una belleza natural inenarrable, las parcelas de tierra están admirablemente
irrigadas y cultivadas con cosechas que la paleta del mejor pintor no podría
repetir" (1).
Las razones del odio de Stalin fueron explicables. Los
kulaks o pequeños campesinos
propietarios de la tierra eran personas independientes. Quien tiene una
propiedad y puede explotarla para conseguir una renta se aferra a la tierra porque
obtiene independencia económica y sólo con ella adquiere libertad política para
no someterse a los caprichos del déspota de turno.
En consecuencia,
decidió aplastarlos y "liquidarlos como clase social" mediante la expoliación
de la producción rural y la obligación legal de seguir sembrando para asegurar
la alimentación, a bajo costo, de los trabajadores de la industria pesada y los
soldados del ejército rojo. Con la picardía
propia de un "agitprop", activista
político que nunca se había ganado la vida trabajando, Stalin no quiso
expropiar la propiedad sino quedarse con la renta agraria, de manera que podía
convertirlos en siervos de la gleba.
Pero, los campesinos rusos que explotaban la tierra de sus
ancestros se resistieron a verse denigrados y despojados del fruto de su
trabajo. Se opusieron tenazmente a entregarles el ganado y el cereal de sus
campos. Organizaron la resistencia, escondieron las cosechas en silos
subterráneos protegidos con telas embreadas con alquitrán y bloquearon los
caminos para evitar el saqueo de sus productos.
Ello enfureció al déspota Stalin quien decidió recurrir a
la
fuerza bruta y desencadenó una violenta
campaña propagandística contra el campo acusándolos de egoístas, ricos
oligarcas, subversivos y enemigos del pueblo soviético. No pudo enviar al
ejército rojo para reprimirlos porque estaban dispersos en una multitud de
pequeños lugares y el ejército se agotaría en una infinita serie de minúsculas
batallas. Entonces organizó fuerzas de choque compuestas por milicias dirigidas
por comisarios políticos. Pero además dispuso
matarlos de hambre. Comenzó por acusarlos de violar una ley absurda que
establecía como delitos graves:
a) suministrar
datos falsos en las
declaraciones juradas,
b) vender clandestinamente
los cereales y oleaginosas,
c) consumir en
forma particular el propio ganado,
d) resistir la entrega de la
producción al Estado y
e) negarse a sembrar
o cosechar los productos exigidos
por el gobierno.
Las medidas fueron en aumento. Requisó toda la producción
agrícola y el ganado alegando que no aseguraban el abastecimiento de las
poblaciones urbanas.
En un documentado libro (2) pueden verse centenares de
fotografías escalofriantes (de 1932
a 1933) donde casi 10 millones de personas fueron
deportadas a campos de concentración en Siberia, en los que perecieron una
tercera parte. Enfrentados a la propaganda soviética y a la irracional batalla,
muchos kulaks se rebelaron incluso matando a las autoridades políticas locales.
Pero el éxito de los agricultores fue breve. El ejército rojo comandado por
comisarios políticos fue enviado a ahogar la rebelión agraria. La policía
secreta GPU inició una campaña de terror para abatir el ánimo de los rebeldes.
Cuando los propios dirigentes locales del partido comunista pidieron a Stalin un
poco de clemencia, éste les respondió ordenando exterminar a esos dirigentes
con la pena de fusilamiento y convirtió a Ucrania en un inmenso campo de
concentración.
La policía secreta Checa -luego GPU- más las brigadas de
choque enviadas desde Moscú aterrorizaron a los campesinos haciendo
inspecciones aleatorias en los campos y requisando todo cereal o ganado que
encontrasen, considerados ahora propiedad sagrada del Estado soviético.
Los milicianos que atacaban a los campesinos constituían el
"lumpen proletariat" y eran reclutados entre los miserables de las ciudades y
los komsomoles soviéticos.
Una famosa ley promulgada el 7 de agosto de 1932 establecía
la condena de 10 años en campos de concentración a menores de edad o la pena de
muerte para los adultos, por cualquier ocultamiento, robo o disposición de la
producción socialista. Se la conoció como la "ley
de la espiga" porque las
personas eran condenadas a muerte por haber consumido espigas de trigo o de
cebada de sus propios campos. Cualquier productor rural que carneara un
cerdo de su propiedad para alimentar a su familia era ajusticiado
inmediatamente.
El efecto no podía ser otro que un abandono masivo de las explotaciones
rurales y una hambruna extendida por
todo el país entre 1932 y 1933. Millones de personas murieron porque no había
comida. Las fotografías de la época muestran a miles de niños con aspecto
esquelético y el abdomen hinchado, sin fuerzas para caminar. Las madres
rusas (3) abandonaban a sus hijos en los vagones de trenes que iban hacia
Moscú, Kiev, Stalingrado y Leningrado con la esperanza de que alguien pudiera
cuidarlos y darles comida.
Aquellos adultos que tenían el vientre hinchado por el hambre
eran transportados en trenes de mercancías hacia el campo y abandonados a 50 kilómetros de las
ciudades de manera que se murieran sin que se los viera. A la llegada en los
lugares de descarga, los milicianos excavaban grandes fosas y tiraban los
muertos de los vagones.
Los ucranianos tuvieron que comer raíces, perros, gatos,
ratas, pájaros y albóndigas de papel de diario hechas digeribles con levadura
de cerveza. Incluso se dieron casos de canibalismo que provocaron la sanción de
una ley inédita que prohibía a los adultos comerse a los niños o a mayores
vivos. Diariamente perecían 25 mil
personas. Los países civilizados de occidente, horrorizados, pretendieron
enviar una ayuda humanitaria, pero el
sanguinario déspota de Stalin confiscó las cargas de alimentos y las destinó a
la clase dirigente.
En 2 años las unidades productivas del campo se redujeron a
la mitad y tanto la agricultura como la lechería, ganadería y producciones
regionales se hundieron en un profundo marasmo. La expropiación de las mejores
tierras de Ucrania y Rusia produjo inmensas pérdidas, pero la LOCURA de Salín hizo proseguir el exterminio sin
la menor piedad y terminó liquidando la clase de campesinos propietarios,
instaurando los koljoses o sea colectivizando la tierra a cargo de secuaces
designados por el gobierno. La industria -que nunca había sido solidaria
con el campo- comenzó a desarrollarse sobre su cadáver y destinó su producción
a fabricar armamentos, aviones y blindados para las fuerzas armadas.
En los archivos presidenciales de Stalin, recientemente
abiertos al público, existe el testimonio del comisario político Mijaíl
Shólojov (clasificado con el nº 45-1/827-7-22) donde informa al déspota:
"Camarada Stalin. En el mes de diciembre aceleramos la campaña y dispusimos:
1. Requisar los cereales que tenían en los graneros,
incluido el anticipo entregado para simiente de la próxima cosecha.
2. Como los campesinos enterraban el trigo y el girasol en
silos subterráneos dispusimos aplicarles dos tipos de penas: el método del frío
y el del calor.
3. El método del frío consiste en desnudar al productor en
pleno invierno y ponerlo al fresco en hangares. A menudo lo hemos hecho con
grupos de centenares de kulaks.
4. El método del calor consiste en rociarles los pies y las
faldas con keroseno y prenderles fuego, después se apaga y se vuelve a empezar.
5. Una variante la hicimos en el koljoz de Napolovski, un
tal Plotkin "plenipotenciario del comité local" obligó a los colonos interrogados
a tenderse sobre una placa calentada al rojo vivo, después los descalentábamos
encerrándolos desnudos en el hangar.
6. En el koljoz Lebyazhenski pusimos a los campesinos a lo
largo de un muro y simulamos una ejecución. Así y todo el resultado no fue muy
bueno".
La respuesta de Stalìn, fechada el 6 de mayo de 1933 de puño
y letra, no es menos estremecedora: "Querido Camarada Shólojov. Esta es una cuestión verdaderamente
política y por eso hay que saber ver el otro lado de la realidad. Y ese
otro aspecto es que los respetados trabajadores rurales de su distrito están en
huelga y llevan a cabo un sabotaje porque están dispuestos a desabastecer y
dejar sin pan a los obreros y al Ejército Rojo. El hecho de que este sabotaje
sea silencioso, y en apariencia pacífico, no cambia en absoluto el fondo del
asunto y es que los respetados trabajadores están llevando a cabo una guerra de
zapa contra el poder soviético y eso, querido camarada Shólojov, ésta es una guerra a muerte. Que siga
usted bien. Le estrecha la mano. Suyo Iósif Stalin". (Clasificado con el nº
3-61/549-194)
Esta pesadilla de
terror sucedió hace 70 años, por obra y gracia de un sanguinario déspota que se
autoproclamaba "progresista y proletario". Finalmente, ese imperio del mal se
derrumbó solo, sin que nadie lo atacara. La LOCURA humana no tiene límites cuando quiere
acumular poder y pretende poner de rodillas a todo el mundo. Sólo la muerte
pone un piadoso final a tanta desolación.
(1) F. Kupferman. "Au pays des
Sovietes, Le voyage français en Union Soviétique", Gallimard, París, 1939.
(2) Stéphane Courtuois y otros, traducido al español, "El
libro negro del comunismo, crímenes, terror y represión" , Édit. Robert Laffont, París, 1997,
Espasa-Calpe, Madrid, 1998.
(3) A. Graziosi. "Lettres de Kharkov,
La famine en Ukraine à travers les rapports des diplomates italiens 1932-1934,
Cahiers du Monde junio 1989.
Antonio I. Margariti es economista y autor del libro
"Impuestos y pobreza. Un cambio copernicano en el sistema impositivo para que
todos podamos vivir dignamente", editado por la Fundación Libertad
de Rosario.
http://chemtrailsbaires.wordpress.com/2008/06/05/la-expoliacion-del-campo-objetivo-stalinista/
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